La mayoría de propietarios de perros acostumbra a poner collar desde cachorros, a partir de los 2 meses aproximadamente.

Por regla general la mayoría se decanta por el collar, independientemente de formas y colores y un menor porcentaje escoge el arnés para sujetar al perro en los paseos y tiempos de adiestramiento, pero ¿es correcto el uso de uno y de otro?

 

Los collares

Estos se utilizan principalmente para pasear a los perros por lo que su uso no debería ser extensivo a las 24 horas del día, salvo que el perro viva en una zona abierta, residencial o rural que le permita moverse libremente, lo que hará necesario que además en el collar porte una chapa identificativa y adicionalmente (ideal) un sistema de GPS para tener un seguimiento del perro desde el móvil.

Hay mucha literatura acerca del uso del collar, sobre todo si se utiliza en perros de tiro como los Alaskan Malamute que son considerados perros de tiro y trabajo.

Es cierto que la zona del cuello del perro es una zona delicada y algo vulnerable y que dependiendo del tipo de collar utilizado puede verse dañada y causarle algún que otro problema, por ejemplo:

  • Aumento de la presión intraocular (ojos).
  • Aplastamiento de la traquea o colapso.
  • Problemas de tiroides.
  • Siringomielia.
  • Problemas de tipo linfático.

Al final en la zona del cuello se localizan los nódulos linfáticos, el esófago, venas importantes, arterias de riego al cerebro, la glándula tiroides y la salival, por lo que presiones incorrectas de los collares, además de ahogamiento pueden acabar afectando a la tráquea y otros órganos internos.

A nivel conductual es posible que en determinadas razas el collar genere una proyección de la agresividad del perro en momentos de niveles de estrés o agitación altos.

Es por todo esto que la elección de un buen collar irá determinada no solo por el uso que se le vaya a dar (de uso constante o exclusivamente para paseos) sino por como puede afectar el diseño de este al cuello del perro.

Los collares muy estrechos y rígidos causarán más presión concentrada en un punto concreto del cuello o la tráquea, causando mayores molestias a nuestro perro.

Collares de tela, anchos y poco seguros puede provocar el escape del perro o la rotura del material, en el caso de razas de tiro como el Malamute.

Lo ideal es decantarse por un collar flexible, fabricado con materiales que no provoquen alergias al perro, evitando que le queden excesivamente ajustados muy sueltos, lo que podría provocar que en un tirón hacia atrás durante un paseo se lo quite.

Que tenga un aro de anclaje para correa o extensible, a ser posible con acolchado interior y con un cierre lo suficientemente robusto como para aguantar un tirón seco del perro sin que se abra.

Créditos imagen: www.zazzle.com 

 

Para ejemplares a partir de 2 años, cuya fuerza de tiro es mucho mayor, existen algunos tipos de collares con empuñadura flexible (nailon) que facilitan una buena sujeción con el brazo estirado, de forma que es posible pasear con ellos, en corto, y a la vez tener un control total de los movimientos del perro.

Créditos imagen: www.fordogtrainers.de 

 

Curiosamente el collar es un elemento de menor uso en el caso de los Alaskan Malamute decantándose la mayoría de propietarios o criadores por los arneses de tiro y trabajo o los bozales de corrección posicionables en el hocico.

 

Los arneses

El enfoque del arnés claramente es el de situar al perro en «modo trabajo» para que realice el tiro, ya sea de una carga en trineo u otro medio adaptado o de nosotros en el caso de actividades deportivas como el bikejoring, el canicross o sled dog.

 


 
 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *